El descubrimiento sugiere que en Ouvigo existieron otras edificaciones romanas, evidenciado por los materiales reutilizados en la construcción actual. La actual estructura de piedra incluye grandes sillares, mampostería bien labrada, columnas dóricas y basas dispersas, indicando un portal de estilo romano. Inicialmente, la edificación estaba dividida en dos ámbitos: ábside y nártex, con funciones comunitarias cristianas. Estaría cubierta con una bóveda de cañón y en el suelo y en las paredes habría un mosaico y estucos pintados.

Esta estructura permaneció hasta las invasiones del siglo VIII, contando con una necrópolis de tumbas bajoimperiales tipo tégula, convirtiéndose en enterramiento Ad Sanctis en época sueva.

El oratorio está dedicado a San Verísimo, venerado en Galicia y Portugal, quien fue un mártir de las persecuciones romanas, cuyos restos están en Lisboa. Los hallazgos de laudas de estola y de laudas de orante muestran el debate entre el priscilianismo, con sacerdocio femenino y culto fuera de los templos, y la Iglesia de Roma, con una organización piramidal. En 572, las prácticas priscilianistas fueron prohibidas en el Concilio de Braga por Martín de Dumio, desapareciendo su iconografía de Ouvigo. Con la llegada de los árabes, el oratorio fue abandonado.

Las invasiones árabes y las inestabilidades posteriores dejaron el lugar desierto hasta la repoblación bajo Alfonso III, evidenciada por la cerámica encontrada y la sepultura de Begica, datada en el siglo IX.

La investigación reveló que Ouvigo no proviene de «Altus Vicus» pero sí tiene relación con un hidrónimo germánico «Ouwe», que significa «veiga» en gallego. Curiosamente, Begica es un nombre germánico de un alto cargo eclesiástico enterrado en Ouvigo y asociado a una alta posición proveniente del germánico de raíz Au o Aue.

El oratorio se sitúa en un paisaje de alto valor cultural, contando con hasta cuatro castros de la Edad del Hierro en su entorno y los restos del importante Castillo Ripario. Este castillo era un mojón fronterizo donde Alfonso Henriques, Alfonso VII de León y Alfonso ‘Batallador’ de Aragón firmaron la primera frontera entre la corona portuguesa y el reino de León.

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